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| Arquitectura y sincretismo ambiental |
En décadas pasadas, los valores universales de la Arquitectura Moderna prevalecían a tal punto sobre lo regional y local que lo que no pertenecía al ámbito de esos valores era catalogado peyorativamente como provincialismo o folclorismo.
Al declinar la ortodoxia de la modernidad, los hombres volvieron su vista hacia lo interior, actitud que se fortaleció, maduró rápidamente y se hizo evidente no sólo en la arquitectura sino también en las demás manifestaciones culturales. Así nació una postura que tiene como objetivo el diálogo entre la razón y la subjetividad y que pretende ahora una vida moderna más poética que equilibre el exceso de funcionalismo, supere el desencanto de la modernidad e incluso nos permita retomarla.
Esta actitud de mirar hacia lo interior, con toda la carga subjetiva que implica, paradójicamente significa una apertura, si la entendemos como opción al internacionalismo racional y, más aun, si este mirar es enriquecido con aportes selectos del exterior.EI rescate y exaltación de los valores locales se convierte en una expresión válida de un quehacer cultural cada día más necesario y apropiado para el fortalecimiento de la identidad.Al respecto, conviene citar a Max Hill que en 1953 enfatizó la necesidad de mirar en las expresiones locales el germen de una arquitectura que, sin ser vernacular, fuera también moderna. Así se expresó en la Bienal de Sao Paulo, Brasil:
“En este país, la arquitectura corre el peligro de caer en un lamentable academicismo antisocial. Hablo de la arquitectura como arte social, que no puede simplemente dejarse de lado, de un día para otro, cuando se la considera anticuada porque ha cambiado el "estilo"; eliminar valores que se cuentan por millones y billones es mucho más difícil que arrinconar unas cuantas telas o estatuas que se consideran malas o mediocres".
A pesar de lo acertado de esta idea, no fue formulada ni en el momento oportuno ni en el contexto adecuado, ya que esa Bienal de Sao Paulo fue una glorificación del Estilo Internacional. Hoy la situación es otra y muestra que una idea peregrina en 1953 es congruente y sólida en el presente.
Los temas de la identidad y la apertura me preocupan existencialmente desde hace 20 años. En 1973 nos trasladamos desde Chile a vivir a Costa Rica. Este traslado motivó una crisis de identidad que tuvo consecuencias en nuestra práctica de la arquitectura.
Llegamos a un país de paz, cuya latitud y geografía le otorgan un clima tropical donde las temperaturas extremas en la Meseta Central son de 17 ºC a 30 ºC y con un régimen de lluvias de 2500 mm. concentrado en ocho meses, con gente de marcada afición por el baile y cuya alegría es cotidiana, con un cielo azul y limpio; en síntesis, con una cultura diferente a la de nuestro origen.
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