Criticar es un acto que tiene como finalidad la superación. Su abuso tiene sus efectos y su desuso también. El abuso puede causar una actitud negativa ante las iniciativas y por lo tanto regresiva. Su desuso trae una vida intelectual pasiva y dominada por la complacencia.
Si se critican todas nuestras actuaciones la vida puede perder naturalidad y espontaneidad, pero si no se reflexiona sobre lo que hacemos nos conducimos hacia
una existencia sin valoración en la cual todo “se vale”. Criticar es la acción de juzgar, o sea que puede ser positiva como negativa. Desde la tarea más sencilla hasta la más compleja es conveniente que estén sujetas a la crítica, porque sin ella es difícil entender los alcances de la vida. |
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¿Será que estas verdades ya no las enseña la vida ni el sistema educativo, o será que el amplio sistema de información al que tenemos acceso lo usamos mal, o simplemente será porque a muy pocos les interesa ver la realidad con una lente crítica, es decir pensante? Que mejor para el político mediocre que una masa de ciudadanos dóciles que aunque alegue no se cuestione acerca de las causas su situación. Escoger dirigentes que bajan el nivel de la educación, populismo al que muy pocos países han escapado, ha producido una falta de mentes inteligentes entrenadas para resolver problemas complejos. Se ha creído erróneamente que ahora basta con que piensen solo unos pocos y que los otros basta que sean operadores de
teclado y sin la intención que entiendan la envergadura de su función. El aumento de jóvenes que ostentan una formación parcial e incompleta es patente, pero lo peor es hacerles creer que, a pesar de la limitación de su conocimiento y de su inteligencia, están capacitados para entender y resolver problemas complejos.
Luego del abuso de una débil formación en la secundaria, los países del llamado primer mundo buscan ahora inteligencia en otros países porque sus sistemas educativos, orgullo otrora, ya no la producen ni con calidad, ni en la cantidad que su progreso necesita.Es evidente que una educación que no enseña a criticar produce inteligencias que se
quedan en la curiosidad, que es el primer motor del conocimiento. Es el desarrollo de la capacidad de analizar críticamente la que permite superar la cándida estabilidad de la curiosidad. El entendimiento es el resultado de criticar para comprender. La crítica así concebida y como una rutina del pensamiento es un acicate para la superación.
Su abuso, como todo en la vida, tiene inconvenientes, como por ejemplo perder la perspectiva y “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”, lo que hace perder la ecuanimidad. Claro está que la crítica tiene sus métodos, que los más entendidos están en capacidad de explicar. Es sabido, al menos entre los artistas, que la crítica se debe hacer a su tiempo, porque si ella se adelanta se puede frustrar el acto creativo.
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Entender las complejas relaciones entre los seres y los acontecimientos ha sido siempre una tarea primordial para el progreso de la humanidad. No se concibe una decisión que no esté orientada por el entendimiento. Conformarse con una tarea a medias, o justificar la mediocridad, son signos de una falta de actitud crítica, que tiene
efectos inmediatos en el estancamiento y luego en la decadencia, la que sabemos conduce al remanso de la complacencia.
Es curioso como se nos inunda con ofrecimientos de charlas, seminarios, conferencias en las que se discute, o más bien se expone (porque la idea no es criticar), acerca de problemas cuyas respuestas son evidentes; como por ejemplo: “para ser más ricos hay que aumentar la productividad”, o sobre “la importancia del conocimiento para el progreso”, o que hay que “detectar los cuellos de botella para agilizar los procesos” o que es necesario “diversificar las inversiones para evitar el riesgo “ lo que equivale al sabio principio popular de “no poner todos los huevos en una sola canasta”, y tantos otros temas del ámbito del buen sentido a los cuales se inscriben conspicuos asistentes que coleccionan diplomas para su “egomuro”.
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