Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

¿Cuál es el apuro?

 

¿Cuál es el Apuro? era con Pura Vida, el decir más auténtico y novedoso que se podía escuchar en la Costa Rica de hace unos pocos años. ¿Apurarse para qué, si el ritmo general de los otros difícilmente era perturbado por algún acelerado? Unido al Dios Mediante, se transformaba en una sentencia Divina, digna para justificar lo injustificable y antesala para profesar el culto del Viva la Demora. Pero solo y aislado, ¿cuál es el apuro?, estaba lleno de virtudes y ahora de añoranzas.

 

No vaya a ser que perdamos el gusto por lo humano. Analicemos si se trata de un apuro impuesto porque el otro se atrasó, o de un apuro exigido para ganar posiciones, o de un apuro oportunista, o de un apuro para ganar poder, pero del otro, el que ofende. Italia cierra hoy ciudades al turismo masivo para que la vida ciudadana, parsimoniosa, reposada y humana, la del disfrute espiritual y particularmente creativa, se conserve como un capital humano. Tal vez el único que al final de los finales cuenta.

Apurémonos un poquito, pero no tanto. Lo justo para que no nos trague el remolino de la complacencia o que el viento del huracán nos eleve hasta la destrucción.

Que no nos contagie ese mercado de la vida, pues además de los inconvenientes en la salud, convierte la vida en una carrera promocional muy parecida al temible, y cada vez más universal “time is money”, que transforma los valores espirituales en materiales, la agresividad en virtud, la solidaridad en egoísmo y la violencia en diversión. Lo que nos conduce a admitir sin resistencia que “la vie est sans pitié.”La vida no es igual en todas partes. Las religiones, los climas, las latitudes, las razas han creado un multiculturalismo riquísimo en artes, en arquitecturas, en pensamientos, en negocios y en comportamientos ante la vida. Cada cual con su tiempo y a su aire, pero todos en convivencia pacífica. En el respeto a estas diferencias radica la belleza y la riqueza cultural del planeta.

Cuando la tecnología se universaliza y es mal aplicada transforma las sociedades y produce uniformidad, irrespetando y borrando las características regionales. Entonces, es necesario reaccionar con vigor para desarrollar un talento crítico mediante la educación, para que con sabiduría acojamos la modernidad que nos enriquece, pero a la vez sepamos rechazar la que nos va ha empobrecer material y espiritualmente.

Apurarse para qué, ¿para llegar primero? Ganar posiciones se ha vuelto la meta, como si la vida y los negocios fueran un deporte. Nos apuramos, negándole el tiempo a la reflexión y a la creatividad que son la base para las decisiones correctas y las obras duraderas que consolidan la cultura que hereda valores y da una sonrisa al rostro.


Al cabo de unos pocos meses, o tal vez años, los extranjeros comprendieron la sabiduría que encerraba ¿cual es el apuro?. Los que no lo comprendieron ya se fueron. Aquella sentencia, “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”, en lo práctico no se aplicaba, pues el calendario y la obligación eran modificados ante cualquier excusa, en un compromiso volátil, difuso y por último inexistente. Si la excusa estaba respaldada por una razón humanitaria era escuchada con atención, considerada y por último aceptada. Al final de las cuentas, era privilegiar los valores humanos sobre cualquier otro argumento, lo que en esencia ha sido una de las cualidades más tradicionales y sólidas de los ticos.

Saber conservar esa cualidad se ha tornado en un enorme desafío que debe recibir el apoyo individual y colectivo, pues cuando se abandona lo humano se cae en lo material. Ese decantado don por la búsqueda de lo humano, es lo que enhorabuena, le otorga al pequeño país una desproporcionada autoridad moral con reconocimiento internacional. En suma el verdadero poder, el poder que distingue, el que se respeta, el que perdura, el que no ofende, y muy especialmente el poder que no avergüenza.

Si el apuro de otros ha de contagiarnos, estemos alertas y seguros para que no sea en nuestro detrimento.