La arquitectura también sigue tendencias y este último cuarto de siglo ha sido extremadamente pródigo al respecto. Aún se discute sobre la vigencia del Movimiento Moderno, sobre el advenimiento y súbita desaparición del Posmoderno, sobre el diseño bioclimático, el deconstructivismo, el darwinismo arquitectónico y otros “ismos” más que se agregan.
En este ambiente de múltiples opciones, muchos colegas arquisurfos optan por treparse en la cresta de la última ola y hacen equilibrio hasta que ella se desvanece, para luego, sin rigor ni consecuencia volver a esperar la próxima ola.
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Más aún; este espacio arquitectónico puede provocar emociones. Es más; la razón de ser de la arquitectura es permitir habitar o sea, que la vida se viva con placer; esto es poéticamente, puesto que cuando el hombre vive poéticamente lo hace más pleno de mérito, como dice Hölderlin.
Una arquitectura que produzca serenidad y reposo es hoy lo que buscamos en este mundo de avatares y velocidad que tanto nos oprime. Una oportunidad surge en la arquitectura que deja habitar en tanto revela un espacio y permite un acontecer poético.
La arquitectura de la serenidad y de la poesía del habitar es esa arquitectura que, como el café y el pan, nos apetece y nos levanta el espíritu cotidianamente y, a pesar de que repitamos, insistimos en recurrir a ellos.
Los arquisurfos lo que han hecho es desvanecer contra la playa de la serenidad luego de ser seducidos por los cantos de sirena.Es conocido lo que dijo Paul Valéry: “En la ciudad hay edificios mudos, otros que hablan y unos pocos que cantan”. Cuando cantan en coro estamos en París. En muchas ciudades se escucha una cacofonía.
El proyecto de F. Gehry para el Museo Guggenheim del Bilbao es estridente en la arquitectura y en la prensa y eso lo ha puesto en la noticia.
¿Será bueno gritar tanto o eso es propio de los efímero? Sin embrago, creo que estos exabruptos no son innecesarios puesto que ellos, por comparación, ayudan a apreciar la otra arquitectura, la que considera la hombre, y propone una poética del habitar.
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La pregunta de rigor: ¿Hay algo más esencial y no tan expuesto al vaivén de las tendencias que pueda ser considerado como un valor estable en la arquitectura? La respuesta es que sí existen valores permanentes que hacen que algunos edificios permanezcan inmutables y alejados de las opciones oportunistas.
La arquitectura es indudablemente hacer meditado de espacios, como tan acertadamente lo recordó Louis Kahn. Esto quiere decir que el espacio es la materia que trata y en la que se expresa la arquitectura. Este espacio es aquella cosa que una vasija está rodeada por una pared, que sirve para algo y que, si se trabaja con un sentido artístico, puede conmover. Por ejemplo, cuando la vasija es transparente.
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