La migración al trópico fue experimentar un mundo nuevo y seductor, que entendí poco a poco, y al que me fui adaptando para comprenderlo. Al poco tiempo, y en contacto con las vivencias cotidianas, comencé a dudar de la validez universal del pensamiento racional europeo y de la exclusividad de su lógica. Empecé a percatarme que había otras maneras de razonar que enriquecían la comprensión y que la literatura regional había reflexionado al respecto.
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Es tal vez esta riqueza la que dificulta su comprensión y, siguiendo una recomendación muy tropical, es mejor no “cartesianizarla” con construcciones mentales y mas bien zambullirse en su universo.Para entender este mundo tropical hay que adentrarse en su pensamiento diverso que permite comprender que todas las cosas tienen múltiples explicaciones y que ni la razón ni la intuición, por separado, agotan lo real.
El habitante del trópico, se acostumbró a recibir civilización ilustrada y se adaptó como un camaleón, razonando a su manera, lo que le otorgó una habilidad para manejar el oportunismo y la improvisación para evitar los obstáculos y obtener beneficios.
Y así vive en un mundo que admite deducciones ambiguas. Por ejemplo en el trópico americano es muy frecuente escuchar en un diálogo serio a alguien que manifiesta su opinión diciendo: ” no estoy ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario”, o el “yo no sé si es cierto, pero ellos lo creen y yo también lo creo”, o el “todo se vale” aplicado a la reflexión que tiende a concluir, o la respuesta de aquel ministro costarricense ante la pregunta precisa del Rey Juan Carlos de España, “su Majestad, lo mas seguro, es que quien sabe”.
Lo distinto de la tropicalidad es que lo insólito no es excepcional porque es una categoría de la realidad.
Los filósofos europeos a partir del siglo XVII buscaron una interpretación racional completa de la realidad tratando de reducirla a un ideal, más susceptible de ser intervenida racionalmente en aras de una eficiencia.
El método cartesiano, y antes el pensamiento griego, erigidos como modelos occidentales, son un buen ejemplo. Sin embargo es necesario reconocer, que el pensamiento racional cartesiano, no es la única manera de pensar con coherencia, incluso en Occidente.
Se puede concluir que el pensamiento tropical presenta rasgos distintivos que lo diferencian del pensamiento cartesiano y es diverso, pues involucra muchas variables que participan simultaneamente. Sus expresiones culturales son ricas en diversidad. Esto ocurre así por cuanto el hombre tropical usa la razón a su manera y no admite la prisión de una sola lógica. Podríamos decir entonces que si el pensamiento cartesiano es lineal, enfocado y eficiente, el pensamiento tropical es relativo, espacial y esencialmente totalizador.
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La latitud tropical es algo singular y constituye un regionalismo global que abarca toda la cintura del planeta. En esta franja predominan las condiciones de una vida que, no solo se caracteriza por sus expresiones culturales, sino también por su modo de pensar. Son sorprendentes por ejemplo, las semejanzas en las soluciones arquitectónicas vernaculares, que a pesar de pertenecer a diferentes mundos culturales, se caracterizan por la afinidad en la concepción de los espacios, en los que predomina su armonía con el entorno.
La tropicalidad es un estado mental producto de la inmersión del individuo en un universo de sensualidad exaltado por una complejidad abrumadora. La sensualidad que lleva el aire contamina el intelecto e influye en el razonamiento.
La tropicalidad se caracteriza por el placer desinhibido de los sentidos y también por la superposición y simultaneidad de las situaciones y vivencias. En esta inmersión, el hombre se sumerge en una tormenta de sensaciones dispares que lo envuelve en permanencia, provocando un particular estado emocional. La biodiversidad es una evidencia de esta riqueza de posibilidades que surgen también en la vida humana, de la estrecha relación entre el hombre y la naturaleza. Es por eso que para comprender la tropicalidad, es más coherente asumir que el hombre es en cuanto está, mas que en cuanto piensa.
La manera tropical de pensar no es pura ni lineal y por tanto es menos directa. Está determinada por la imposibilidad, o más bien, falta de deseo de priorizar las variables. Sus etapas no son secuenciales y muchas veces es incluso difícil reconocer etapas y las conclusiones no tienen valor de norma, sino que son relativas, fugaces y por supuesto flexibles. Se trata de un pensamiento comprometido con la ambiguedad y lo relativo, mas que con una búsqueda de lo certero. Es por esto que resulta mas humano.
Si se convive con buena actitud en esta realidad, la tropicalidad ya no se percibe como una incongruencia extravagante, sino más bien como un escenario inteligente y rico en posibilidades. |