Todo novato de arquitectura aprende que "la música se hace con sonidos y la arquitectura con espacios". Esto no es fácil de entender, ya que más allá de sus dimensiones útiles, el espacio no tiene materia; sin embargo se percibe y se siente. Lao Tse lo explica así: "...se recoge barro y se moldea, del vacío depende la utilidad de la vasija..."
En nuestra región, Carlos Mijares añade a la utilidad del espacio, la vida, "...que el espectador pase de la pasiva
contemplación a la participación activa, transite del gusto o de la indiferencia a la admiración comprometida, se demore en el asombro, se involucre en la vivencia y goce intensamente con el aprendizaje que todo ello implica". |
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La luz como modeladora del espacio se relativiza y es la sombra la que adquiere el mando en el diseño del espacio arquitectónico. No en vano la sombrilla, que es una sombra portátil, fue inventada en el trópico.Es por esta razón que el espacio de la arquitectura tropical está modelado por la sombra y todas sus variantes de penumbra, semisombra, claroscuros y veladuras que se logran disminuyendo la luminosidad del ambiente. El espacio tropical se caracteriza por estar cubierto y en sombra, y a la vez abierto, para ofrecer sin obstáculos la ventilación cruzada. Es una arquitectura abierta y de sombras. El techo frena la entrada de luz para crear ese espacio en penumbra que convoca.
La penumbra es esa atmósfera velada que nos envuelve con su frescura, donde el ojo reposa, la piel descansa y encontramos solaz. La penumbra adquiere valor en contraste con la luminosidad exterior, experiencia cotidiana en el trópico que pone a la arquitectura a definir los límites y las transiciones. Entre ella y la luminosidad exterior, las sombras valorizan el espacio yendo de la luz atenuada a la ausencia total de luz, en un juego de claroscuros que el arquitecto puede controlar.
Los recursos del arquitecto para darle forma al espacio oscureciendo la luminosidad son variados, y de su habilidad y maestría depende la elocuencia del resultado. Entre otros, mencionaremos las transparencias, los reflejos, las profundidades logradas por
oscurecimientos sucesivos, las sombras graduales para definir espacios, los velos, el control de estadios intermedios entre la claridad total y la negra oscuridad.
El desafío para los arquitectos del trópico es hacer una arquitectura cuyos espacios estén modelados por la sombra. Esta arquitectura será sublime cuando sus espacios nos provoquen indecibles sentimientos de aprecio y bienestar.
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En esta acción, lo que cuenta es la percepción simultánea de los estímulos, porque el espacio los totaliza y, si provoca sensaciones particulares, es porque conmueve. Si hay elocuencia en esta experiencia, entonces nos sumergimos en un indecible estado de satisfacción y en ese instante sublime percibimos el espacio arquitectónico.
Puntualizado que no hay arquitectura sin dominio del espacio, hay que afirmar que la luz es un recurso de diseño que modela el espacio. Esto es cierto en las latitudes frías, donde la luz condiciona el comportamiento, pues al calor de ella la gente se reúne y disfruta. Sin embargo, la relación de la arquitectura con la luz es relativa y no tiene validez universal.
La sombra convoca
En la franja tropical del planeta, la luz con su calor y brillo, nos ahuyenta y entonces buscamos la sombra para estar. En el trópico la gente se reúne a la sombra, pues ahí está la frescura. Es la sombra la que convoca. |