Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

El GÜILA

 

El Pibe es el nombre con el que se distribuía en Suramérica la película de Charles Chaplin conocida en otros países como The Kid, El Niño y, porqué no, el Güila en Costa Rica. Es una película del cine mudo, donde los recursos eran la pausa y el ritmo y, por supuesto, la calidad y el talento de los actores para representar personajes a nuestra medida.

La versatilidad de las expresiones, los sugestivos gestos y muecas, el caminado característico transmiten profundos sentimientos y estados de ánimo, a pesar de la escasa tecnología. Partiendo de un guión directo y enfocado con claridad hacia un objetivo humano, todo el resto se arma con genialidad en torno a esos recursos.

 

¿Porqué esas películas siguen suscitando un interés y, lo que es más importante, los abundantes comentarios que siguen a su proyección? Se comentan porque no se ha olvidado su contenido, lo que significa que su mensaje penetró y capturó las mentes receptivas de los menores. Sí, ¿pero que tiene ese contenido que lo hace perdurar, a través de recuerdos, reiterados varios días después? La respuesta de fondo circula entre entendidos, yo, me inclino por creer con convicción que esas películas transmiten cosas que los niños buscan y que difícilmente las encuentran hoy en su entorno. Vienen a llenar un vacío.

La ternura, la solidaridad, la justicia, el compañerismo, el honor, el humor y la broma sana y, si queremos ponerle un solo nombre, el amor que va implícito en el contenido parecen ser los condimentos que se degustan en estos filmes esenciales, que trascienden épocas y generaciones y siguen vigentes y por eso son contemporáneos. Desglosar el significado de la palabra amor en algunos de los conceptos que incluye, es tal vez una manera de hacerla más clara y comprensible que restringirla a sus 4 letras, hoy tan vapuleadas y que la han llevado a perder su sentido. Comprensión, devoción, solidaridad, tolerancia, compromiso, también están incluidas en esas 4 letras.

Si hay personas, y entre ellas los niños, que disfrutan estas películas es porque el ser humano, como lo comentó el amigo Edgar, “sigue aún siendo humano”. ¡Que cosa tan sencilla! algo así como el café y el buen pan que siempre son necesarios, no cansan y más bien reconfortan.

¿Pero que tendrán de atractivo esas cosas tan sencillas, cuando hoy en la carrera por las satisfacciones ya nada parece colmar los gustos? Cada vez mas se buscan sensaciones más fuertes, la competencia extrema, ir por lo más grande, aniquilar al vecino, en vez de convivir ambos, sobrepasar los límites hasta eliminarlos, desarrollar el gusto por lo más espectacular son objetivos opuestos a estos films tan humanos que nos muestran, por el contrario, una medida, nos ofrecen ponderación, nos educan y forman y tienen el atractivo de una ocasión de remanso oportuna para el alma.


Los niños de hoy acostumbrados a ver cine de efectos, en full color y con destrucción y agresividad progresivas, deberían estar poco interesados en aquellas películas sin violencia, “feas” y borrosas, en tonos grises, con vestuarios deslucidos, escenarios precarios, música de fondo silenciosa y una larga lista de aspectos considerados negativos por el “sétimo arte” contemporáneo que nos ofrece la cartelera pobre y alienante nacional.

La gran sorpresa salta cuando estos niños, ni pestañean sentados frente a la pantalla viendo El Güila y piden ver y rever la “película vieja”. La atracción en pequeños de 4 a 7 años es asombrosa y uno se queda maravillado por el encanto y la inmersión. Los subtítulos oportunos contienen la síntesis correcta que, leyéndoselos, les permiten entender a la perfección el argumento. Comentarios como “ahora viene lo mejor”, surgen espontáneamente, y son una señal que el mensaje pasa y planta su semilla.