En esta época en que la humanidad está siendo afectada por el agotamiento de muchas de sus fuentes habituales de suministro, la sabiduría resulta ser un recurso inagotable, que adicionalmente, con la longevidad aumenta.
La sabiduría es la acumulación de experiencias que, ordenadas, permiten concluir y deducir de manera inclusiva. Si ella fue en el pasado el recurso por excelencia, ha ido perdiendo actualidad ante la información tecnológica, que aporta nuevos métodos para la toma de decisiones, relegándola a una especie de anécdota.
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Los que la poseen son seres excepcionales, que tienen tantas dudas como certezas.Vigencia y coherencia. El que tiene sabiduría sabe discernir, calibra las opciones antes de escoger, posee sentido común y olfato para ponderar la realidad; también posee múltiples objetivos en su vida y sabe combinar todos estos atributos personales con una inquebrantable fortaleza por los valores de la sociedad a la que pertenece. Nada de esto lo hace conservador y, menos aún, pasivo; muy por el contrario, es de vanguardia y destaca por la vigencia y coherencia de su pensamiento.Hay culturas en las que el respeto por la sabiduría se sigue practicando. Esto resulta interesante también desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos.
En esas culturas, estas personas son seres de referencia a quienes se consulta para orientación y porque son la memoria. En nuestra sociedad, por el contrario, se tiende a jubilar la sabiduría, o se la archiva en organizaciones honoríficas, o en columnas de periódicos desde las cuales le quedan pocas oportunidades de intervención. Así, la experiencia y la memoria, sin las que no entendemos nuestra historia, se eliminan como variables del análisis de la realidad.Limitación por lejanía.
La práctica de jubilar la sabiduría ha dado paso a una toma de decisiones apresurada y restringida; método limitado porque no puede considerar múltiples variables. Incluso ahora, en el mundo globalizado, las decisiones se toman
lejos y desligadas de las realidades en las que se aplican, lo que las hace aún más limitadas.
Por esta razón esta metodología debe ser revisada ya que ninguna civilización se ha hecho grande y ha perdurado privilegiando la urgencia de lo inmediato.
Las empresas familiares tienden a ser una excepción y son un buen ejemplo porque disfrutan y aprovechan en su justa medida la sabiduría de sus forjadores. En ellas se combina la sabiduría con el atrevimiento, en un ambiente de bien común y de armonía. También hay tristes experiencias que acaban en la tercera generación, por la sencilla razón que la segunda generación no se preocupó por adquirir la sabiduría ni heredarla de la primera a la tercera.
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Una causa de tal situación es que la sabiduría ha dejado de ser atractiva para algunos, y también porque no se ha heredado de una generación a otra. Esto es por varios motivos, uno de los cuales es que la gran mayoría de los profesores universitarios difícilmente supera los 60 años, lo que priva a la juventud de una invaluable experiencia que, como se sabe, cuando está unida a la reflexión y la vanguardia genera una buena formación.No es cuestión de edad. Claro que la sabiduría no está automáticamente ligada a la edad porque bien sabemos que hay mayores que viven en las tinieblas del criterio. Apreciamos a una persona mayor que hace gala de sabiduría, así como nos asombramos con un inmaduro de 50 años.
Pero lo que es más asombroso es toparse con un joven de 30 que, con pasos seguros, se encamina hacia el estado intelectual de la sabiduría. La pregunta es, entonces, ¿como se alcanza la sabiduría?
Tal vez se adquiere mediante la práctica del aprendizaje por medio de la observación atenta y analítica, por la capacidad de sorprenderse ante los acontecimientos de la vida personal y de los otros, por la pasión por el devenir de la humanidad, por la independencia y libertad a la hora de decidir, por el compromiso con los valores que enaltecen, por la sensibilidad ante la felicidad y la adversidad, y por el conocimiento de las culturas, como medio para lograr la tolerancia y el respeto hacia lo que nos es ajeno. |