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Hacia una Arquitectura humanista y mestiza CONTINUACION 3
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Las existencias de los hombres son diferentes, pero así como hay cosas de dominio común, hay también existencias generalizables. Hay en los pueblos costumbres, placeres y desagrados que sin temor se pueden generalizar e integrar en una arquitectura humanista. Lo importante es poder percibirlos con lucidez y no confundirlos con lo efímero e intrascendente para poder diseñar con ellos y poder explicar las obras de modo que exista una identificación de los moradores con lo diseñado. Conseguir esto asegura la aceptación del proyecto.
En todo pueblo y en su existencia hay actos que tienen significados que van más allá de lo que aisladamente representan. Actos cotidianos de gran trivialidad y de funcionalidad simple se dan a veces en espacios cargados de connotaciones existenciales que son muchas veces más importantes y esenciales que la función para la cual fueron diseñados, o también que dicha función no se concibe o es impensable sin aquellas connotaciones y sensaciones.
Entramos aquí en un terreno donde lo evidente es sólo la apariencia parcial de lo que veladamente acontece.¿Cómo descubrir entonces la totalidad del acontecimiento para podar comprenderlo? He aquí el problema esencial y de fondo de la arquitectura humanista. Habrá que desarrollar la habilidad para percibir en los pueblos los actos que tienen estas características y magnificarlos a través de la voluntad arquitectónica.
Hay para ello y pedagogías y técnicas para conseguir entrenamiento pero puede adelantar que el proceso de observación analítica nos lleva a penetrar y desvelar lo oculto que estos actos pueden parecer. Muchas veces los mismos actores están muy concientes de las connotaciones vivenciales que los espacios deben tener y las transmiten fácilmente; en otras ocasiones no es así.
¿Cómo hacer una arquitectura humanista? Esto sólo es posible por medio de los actos que se leen en los pueblos: actos urbanos, actos domésticos, actos ancestrales, actos modernos, actos autóctonos de los que estaban, actos importados de los que vinieron, actos cambiantes y en mutación, actos que hubo y actos que se darán. Todos son actos de la vida que se leen en los pueblos y que deben ser seleccionados por su vocación creativa y que, si no se observan, tendremos muy pocos elementos para una arquitectura humanista e imaginativa. Será entonces necesario, hacer de los espacios, lugares; es decir, de lo indefinido definir y dar vocación al espacio para que el acto se dé. EI lugar y el acto así entendidos serán gérmenes de arquitectura humanista. Lo que el acto quiere que el espacio sea. Dar ocasión al acto para que tenga lugar.Si en los actos mismos esta el potencial de la arquitectura humanista, entonces tenemos que admitir que en ellos están las condiciones que van hacer posible esta arquitectura. No hay señora que no pida el lavaplatos junto a la ventana. ¿Es que el lavar es más pleno con el mirar? Es como la arena frente al mar y como el humus bajo la foresta y también como el relámpago y el trueno. Lo uno no van sin lo otro.
En estos casos estamos en actitud de experimentar un sentimiento pleno, rico y magnífico. Es decir una vivencia, que es preciso no aniquilarla con una arquitectura inapropiada. El reemplazo de la ancestral pileta para lavar la ropa por un artefacto automático acabó con el cantar del pueblo y con ello con una milenaria fuente de folklore. Así se entiende que función y acto no son lo mismo.
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