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| La versatilidad del zaguán |
La casa de zaguán es aquella que se organiza en torno a un espacio interior central, cuadrado o rectangular, y techado. Estas casas surgen a partir del fin del siglo pasado y se continúan construyendo en la primera mitad del novecientos en la Meseta Central de Costa Rica.
En las ciudades de la Meseta Central, a la vuelta del siglo, se produce una densificación de las construcciones en sus cuadrantes centrales. Las manzanas coloniales divididas originalmente en 4 lotes esquineros se subdividen en terrenos estrechos de poco frente (12 metros y aun menos) conservando la profundidad original.
En lotes con estas características, angostos y profundos, la iluminación y la ventilación no son evidentes ya que las casas se construyen con paredes medianeras que impiden aberturas hacia los costados. Sólo las dos fachadas, frontal y posterior, quedan disponibles para iluminar y ventilar. Considerando que, en general son de una sola planta, la solución se busca creando en el corazón de la casa un espacio alto, iluminado y ventilado. Surge así el zaguán, en algunos planos indicado como hall y también como vestíbulo, y mentado como tragaluz y patio techado. Sin embargo la denominación más adecuada es zaguán.
De esta manera se consigue disponer de una doble corrida de recintos en ambas fachadas, unos hacia el exterior y los otros hacia el zaguán. Los recintos adosados a las paredes medianeras se iluminan por este zaguán.
Esta solución surgida del deseo de lograr una habitabilidad y un confort acorde con el clima de la región central de Costa Rica (lluvia 2.500 mm en 8 meses, humedad promedio 78% - 87%, temperatura promedio mínima y máxima 17º - 25º) es el resultado del sentido común; “una casa que no sea fresca e iluminada es un error”. Estas casas son en gran medida el resultado del ingenio de los maestros de obra y de la racionalidad de los ingenieros.
Basados en este esquema funcional que se experimenta como correcto y racional, el arte del construir queda limitado a la decoración de los cargadores (dinteles) de las puertas, a la forma de las ventanas, al mosaico del piso y a las tablillas de las paredes, cornisas y rodapiés. Es decir al arte de construir del serrucho, del clavo y del martillo. Es en estos detalles en los que los maestros de obra dejan traslucir su creatividad y con ellos buscan individualizar estas construcciones.
Sin muchas variantes, el plano se repite disponiendo recintos organizados en torno a este zaguán que ordena los actos y la vida doméstica.
La casa de zaguán no tiene misterio, ni es laberinto, ni es un “espacio especular”1. Es una arquitectura sin dobleces, ni nada que descubrir. Son por lo general pequeñas y con una organización espacial axial, lo que contribuye a que se adivinen con una sola mirada. No hay espacio para lo imprevisto.
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