Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

Nuestra creación colectiva

 

En la ciudad queda la huella de lo que fuimos y de lo que vamos siendo. Si fuimos guerreros hay murallas y cuarteles, si por el contrario fuimos religiosos hay templos y altares. Porque en ellas se decantan las ideas y se construye el pensamiento, las ciudades son el reflejo de la cultura.
La ciudad feudal fue amurallada, las ciudades templo de la antigüedad estuvieron subordinadas al culto, la ciudad industrial y minera, con sus barrios

obreros, se planificaron por el trabajo. La ciudad griega con el acrópolis, el ágora, las asambleas, el estadio y la stoa fue el resultado de una sociedad donde el uso racional de la palabra creo la democracia.

 

Mas tarde la historia, omite mas que borra, porque solo transmite lo que quiere, y descartando la bulla ofrece con criterio un panorama de síntesis.Todo creador piensa que está poseído por la verdad. La ciudad toma forma y pasa a la historia cuando coinciden muchos en una misma verdad. En Paris ha habido muchos que han coincidido y los mas cerca de nosotros se inclinan y actúan con precaución ante la creación de sus anteriores. Desde hace tiempo, en Venecia se inclinaron hasta la inmovilidad del arrodillado.
Ahora, con la oportunidad del Repoblamiento de San José, se nos abre la posibilidad de reinventar un nuevo centro sobre el que existe.

Para este nuevo objetivo es importante aprovechar lo que ya tenemos y de ahí empezar a construir un nuevo imaginario. Además del clima, el paisaje, la vegetación prodigiosa será necesario considerar lo que la historia nos ha legado.
Esto significa rescatar con inspiración conceptos urbanos como la calle, que es el espacio público principal, y diseñar amplias aceras para la convivencia de la gente heterogénea del nuevo horizonte cultural, mezclando comercio lineal con grandes superficies, construyendo edificios con zonificación vertical donde
se mezcle comercio con trabajo, diversión, cultura y vivienda e incorporando el paisajismo vertical como acondicionador climático.El objetivo es lograr un centro con espacios urbanos

donde reine una atmósfera en la que actores y espectadores de esta nueva cultura se encuentren potenciándose recíprocamente.
El secreto, revelado por otras ciudades, está en hacerlo con diligencia, sostenibilidad y talento, evitando el pintoresquismo arquitectónico y la tentación del simulacro escenográfico, que a la postre produciría una cultura también simulada.

La ciudad de nosotros resulta ser la acumulación de las otras épocas mas nuestro presente que lucha por su espacio de expresión. Nos toca ser actores y espectadores a la vez. El eterno estímulo del progreso es el espíritu inquieto que se rebela para no vivir en las estructuras del pasado e inventa lo nuevo.
La creación poética de la ciudad es una producción colectiva guiada por las

mentes mas iluminadas
e inspiradas en los mejores valores. Por aquellas mentes que no sienten asfixia por el corset de los valores, sino que mas bien son estimuladas por ellos.
La necesidad de una guía colectiva se impone. Ella debe ser estricta para evitar el laissez-faire, pero a la vez flexible para no abortar las iniciativas novedosas. Que difícil equilibrio para el legislador que con su letra petrifica.
La ciudad es una difícil creación colectiva mediante edificios, calles, plazas y barrios que tiene la particularidad de evaluarse mientras se hace y que con dificultad admite borrar; una facultad que ni siquiera Dios posee, si nos atenemos a un dicho popular haitiano: “le crayon du bon Dieu n’a pas de gomme”. Y menos borra el arquitecto, el ingeniero o el alcalde.