Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

Nuevo Concepto de Arquitectura Verde

 

La tecnología y la ciencia han llegado a tal creatividad que los sueños del ayer se han vuelto posibles realidades y es justamente por eso, que hoy se duda de su aplicación sin restricción alguna.
Como por ejemplo, mediante gigantescos espejos cósmicos se puede reflejar la luz solar hacia cualquier confín del planeta. Si este se ve de manera aislada se puede aumentar la producción y crear mejores condiciones de vida en Siberia o Groenlandia.Pero, ¿será esta modificación del

clima una práctica de beneficio general? No olvidemos el argumento favorable al calentamiento del planeta que se discutió en la ONU durante la votación del protocolo de Kioto, como una buena opción de desarrollo para las regiones frías.

 

Si se complementa este dato, ya de por sí preocupante, con el hecho de que los edificios son los responsables del 50% del consumo de toda la factura energética de los EE. UU., se concluye que el primer mundo está mal orientado en sus patrones de consumo y que la arquitectura es en buena parte responsable.

Edificios activos- gente pasiva
Desde hace unos años algunos arquitectos introdujeron modificaciones en sus edificios para hacerlos más eficientes en el consumo energético.
La vía escogida más común fue inventar equipos más eficientes y utilizar tecnologías actualizadas para controlar la

temperatura, humedad, iluminación y calidad del aire. Esto ha producido edificios con sensores distribuidos en todos los recintos y conectados a centros de control para monitorear el estado del clima interior.
Este centro de control recibe información de los sensores y emite órdenes a todas las máquinas para que reaccionen e intervengan en la climatización.

De esta manera, se logra un control puntual y uniforme las 24 horas de los 365 días del año. Podemos calificar a estos edificios como activos para gente pasiva, digitalizados, aislados, independientes, pero relativamente glotones de energía. Por su alto costo son difícilmente replicables.

Edificios pasivos- gente activa
Otros arquitectos más conscientes del consumo energético han proyectado edificios que logran el confort apoyándose en las condiciones del clima del lugar, y especialmente en el uso de los recursos renovables (energías pasivas) como la luz natural, el sol, la brisa, la sombra y otros elementos naturales.

Si en el primer caso se busca un edificio aislado del exterior, en este, el clima exterior está siempre presente y el confort interno depende de la operación de los dispositivos manuales que dispone.
Así como en el primer ejemplo el usuario no tiene tarea alguna que cumplir, en este segundo se requiere su participación para lograr el clima interior adecuado.
Por tratarse de edificios dependientes del exterior, las condiciones de confort oscilan y no son constantes. Por su costo razonable son fácilmente replicables.
Hemos calificado a estos edificios como “edificios pasivos con gente activa” en la presentación “Harnessing Comfort Through Climate. Performance of the Holcim Building. A case Study in Costa Rica” para la conferencia 2005 World Sustainable Building en Tokio.

La aplicación de la tecnología informática, como motor del progreso está, cada vez más, relegando al ser humano a convertirse en un autómata que opera aparatos, despreocupándose de los efectos indirectos.
Por esto en la feria de Aichi en Japón se preguntaron si en estas condiciones ¿tiene el futuro porvenir?

También nos preguntamos ¿qué le está reservado a la capacidad intelectual del ser humano común y corriente en ese porvenir?

EI avance tecnológico

El avance tecnológico supone un potencial progreso para toda la población, sin embargo, con el agotamiento de los recursos del planeta esta expresión ya no tiene la validez de un postulado.
Desde hace algunos años los avances de la tecnología son escrutados detalladamente por sus efectos sobre la biosfera y sus posibles consecuencias negativas.
El impacto que la humanidad, con la tecnología a su servicio, ha provocado en los últimos decenios en los recursos no renovables ha sorprendido por la amplitud, la rapidez y la profundidad de los deterioros causados.
Si nos detenemos a reflexionar un instante en el impacto que esto ha tenido sobre el planeta, conocido como la huella ecológica, descubrimos desde hace años que se está consumiendo más de lo que la biosfera es capaz de regenerar y que este sobreconsumo representa un déficit del 20%, que crece año tras año y que además es acumulativo (World Wildlife Fund).