Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

Arquitectura para una latitud

La arquitectura SE EXPRESA PÚBLICAMENTE CON SUS REALIZACIONES, PERO REQUIERE UNA EXPLICACIÓN DE SUS CONCEPTOS PARA COMPLETAR SU COMPRENSIÓN. MUCHAS VECES ES ALLÍ DONDE RESIDEN LAS CLAVES PARA INGRESAR A SUS MISTERIOS. UNA EXPLICACIÓN COMO LA QUE SE PRETENDE IMPLICA INTRODUCIR AL LECTOR EN CONFIDENCIAS PARA LOGRAR SU ADECUADA COMPLICIDAD.

Luego de una formación académica europeizante y de una escuela de arquitectura fervorosa por los cánones del Movimiento Moderno que concluían en una arquitectura de características mediterráneas (techos planos, paredes blancas, aberturas controladas) me encontré en un país tropical en el que aquellas formas no se adaptaban. Fue entonces imperativo iniciar una búsqueda que me condujera a teorizar para comprender mi nueva realidad, es decir la de un arquitecto que se iniciaba para ejercer en el trópico .
TENDRÉ ENTONCES QUE ESCRIBIR DESMENUZANDO EL PENSAMIENTO Y REVELANDO A VECES LO MÁS ELEMENTAL,
para transmitir el pensamiento y el camino que recorro hace más de 30 años, si se considera que este peregrinaje se inició en París, luego en Chile y finalmente en Costa Rica. Tal vez se pueda concluir que he sido un inmigrante al revés, y si es así, confieso que soy un inmigrante que busca y que llegó a Costa Rica para encontrar un país para el arraigo, y al respecto, el párrafo de Alain Tourraine en "Critique de la modernité" esclarece la esencia del inmigrante y su paradoja existencial es la figura del inmigrante la que se habría de escoger hoy como la figura emblemática de la modernidad. Viajero repleto de memoria así como de proyectos y que se descubre y se construye a él mismo en un esfuerzo de cada día para anudar el pasado y el porvenir, la herencia cultural con la inserción profesional y social.
Fiel a este designio de descubrir y construir, inicié la marcha para entender el país que me acogía y empecé a buscar cual sería mi posición en su arquitectura . Esta búsqueda me llevó al ártico; el de los espacios interiores y recogidos, a la amplitud del desierto y a la tienda del beduino que se adapta tan bien a las diferencias de temperatura y a la profundidad del bosque tropical, donde el aire saturado de humedad atrapa la luz que penetra y le da cuerpo en dardos de luz que atraviesan el follaje. Visitar estos extremos, me hizo comprender mejor como el ambiente condiciona la vida y el hábitat.

Desde niño había vivido al calor de la estufa que calienta a la vez que reúne a la familia. Buscar ese calor era una necesidad en el sur de Chile. Aquí en el trópico, es la sombra que refresca la que reúne y al contrario de la estufa, ella está por doquier. De ahí que en esta latitud tropical la experiencia cotidiana de la reunión familiar se hace relativa y más bien se cambia por la dispersión. La familia tropical se diluye por los espacios abiertos . Unos en la hamaca a la sombra de un árbol, otros en el corredor y otros sentados en el banco a la sombra del alero.
También observé que la arquitectura que se estaba haciendo no señalaba una vía, ni planteaba un lenguaje, lo más que había eran proyectos individuales cuya trascendencia se limitaba sólo a ellos. Descubrí entonces que había múltiples jerigonzas que por ser dispares, disolvían y separaban. Esto dificultó la inserción.
Ante esta situación "yo era un donnadie, de ninguna parte, igual a ninguno y perteneciente a nada. Parecía verdad. Todas mis amarras se habían soltado. Había llegado a una anti Jerusalén; no a un hogar, sino a un lejos" (Salman Rushdie, "El último suspiro del moro"). Me asombró la profunda soledad y ante el desamparo cayeron las certezas de la rutina... y luego, surgió la necesidad de encontrar mi propia vía, y una vía para una arquitectura adaptada al trópico .

 

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