Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

Arquitectura para una latitud ... CONTINUACION 2

En solitario inicié febrilmente la búsqueda y así fue como surgió en mí la necesidad, seguida de la pasión, por encontrar una vía propia o al menos una adaptada. Para ello elegí aislarme, leer muy poco las publicaciones de arquitectura y mucho menos ver las imágenes de las revistas para concentrarme en el conocimiento del trópico. Así fue como los "ismos" que han caracterizado la arquitectura de este fin de siglo pasaron resbalando. No podía caer en la tentación del simulacro, ni empezar a diseñar imitando. En esta soledad que fue larga y profunda, confieso que a veces me desesperaba, pero encontraba consuelo cuando recordaba el verso del poeta "De veras hijo: Todas las estrellas han partido, pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer" (Isaac Felipe Azofeifa, distinguido poeta costarricense 1909-1997). Había analizado la arquitectura contemporánea local sin encontrar lo que buscaba, entonces retrocedí en el tiempo con la esperanza de anclar en alguna época inspiradora. Estudié la arquitectura precolombina, la colonial, la republicana y la victoriana. Recorrí casi todo el país observando la exuberante vegetación, asombrándome ante la luz diáfana y los cotidianos y repentinos diluvios y notando la desenvoltura del campesino ante la prodigiosa naturaleza . A pesar de ser un territorio pequeño, descubrí que había enormes diferencias entre las arquitecturas tradicionales de la zona Caribe, las de la zona del Pacífico Sur, las de las pampas del Norte y las de la Meseta Central. Así como hay una rica biodiversidad en el bosque, la hay también en las tipologías arquitectónicas que coinciden con la gama de microclimas que caracteriza a Costa Rica.
En todas estas tipologías, las arquitecturas muestran una preocupación por responder adecuadamente al clima, en ellas lo que destaca son las actitudes y las vivencias que provocan las respuestas arquitectónicas. Efectivamente lo que es destacable y rescatable son las respuestas al ambiente. Estaba ante una realidad conmovedora y humana y llena de verdades cotidianas.
Fueron constructores anónimos sin formación académica los responsables de la gran mayoría de estas edificaciones que con su lucidez y su apego al sentido común, algunas veces enriquecido con un aporte u observación, los causantes de estas arquitecturas, que aunque escuetas, están rebosantes de enseñanza y transmiten la actitud de un constructor consciente.
Cada constructor y arquitecto en su época, con sus medios, usando las tecnologías y los materiales a su alcance construyó respondiendo con soluciones adaptadas al ambiente de la zona y con diseños coherentes. Todo esto lo hicieron considerando como variables para el diseño, las condiciones de lluvia, sol, humedad, brisa, luminosidad, relieve, etc., sin olvidar el respeto por las vivencias diarias de este pueblo singular. La adaptación es tan evidente y lógica que producen placer. Son arquitecturas para sonreír.
Concluí que no había que encerrarse en una época específica ni tampoco limitar el análisis a los períodos históricos, primero porque no hay ninguna época que pueda decirse que es más importante que las otras y segundo, porque todas estas arquitecturas demuestran un similar esfuerzo por adaptarse. Es más bien en las respuestas al ambiente donde se puede encontrar la veta inspiradora y donde subyace la identidad de la arquitectura .
Comprendí que me debía concentrar en descubrir las actitudes que provocaban las respuestas, es decir contestar al porque de aquellas formas, en vez de copiarlas como modelos enlatados, que sólo resultan ser un juego de imágenes falsas y anacrónicas ya que esto es lo que significan las reproducciones de las tipologías del ayer en el día de hoy.

 

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