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| Arquitectura para una latitud |
En solitario inicié febrilmente la búsqueda y así fue como
surgió en mí la necesidad, seguida de la pasión, por encontrar
una vía propia o al menos una adaptada. Para ello elegí aislarme,
leer muy poco las publicaciones de arquitectura y mucho menos ver las imágenes
de las revistas para concentrarme en el conocimiento del trópico. Así fue
como los "ismos" que han caracterizado la arquitectura de este fin de siglo
pasaron resbalando. No podía caer en la tentación del simulacro,
ni empezar a diseñar imitando.
En esta soledad que fue larga y profunda,
confieso que a veces me desesperaba, pero encontraba consuelo cuando recordaba
el verso del poeta "De veras hijo: Todas las estrellas han partido, pero nunca
se pone más oscuro que cuando va a amanecer" (Isaac Felipe Azofeifa,
distinguido poeta costarricense 1909-1997). Había analizado la arquitectura
contemporánea local sin encontrar lo que buscaba, entonces retrocedí en
el tiempo con la esperanza de anclar en alguna época inspiradora. Estudié la
arquitectura precolombina, la colonial, la republicana y la victoriana. Recorrí casi
todo el país observando la exuberante vegetación, asombrándome
ante la luz diáfana y los cotidianos y repentinos diluvios y notando
la desenvoltura del campesino ante la prodigiosa naturaleza . A pesar de ser
un territorio pequeño, descubrí que había enormes diferencias
entre las arquitecturas tradicionales de la zona Caribe, las de la zona del
Pacífico Sur, las de las pampas del Norte y las de la Meseta Central.
Así como hay una
rica biodiversidad en el bosque, la hay también
en las tipologías arquitectónicas que coinciden con la gama de
microclimas que caracteriza a Costa Rica.
En todas estas tipologías,
las arquitecturas muestran una preocupación por responder adecuadamente
al clima, en ellas lo que destaca son las actitudes y las
vivencias que provocan
las respuestas arquitectónicas. Efectivamente lo que es destacable y
rescatable son las respuestas al ambiente. Estaba ante una realidad conmovedora
y humana y llena de verdades cotidianas.
Fueron constructores anónimos
sin formación académica los responsables de la gran mayoría
de estas edificaciones que con su lucidez y su apego al sentido común,
algunas veces enriquecido con un aporte u observación, los causantes
de estas arquitecturas, que aunque escuetas, están rebosantes de enseñanza
y transmiten la actitud de un constructor consciente.
Cada constructor y
arquitecto en su época, con sus medios, usando las tecnologías
y los materiales a su alcance construyó respondiendo con soluciones
adaptadas al ambiente de la zona y con diseños coherentes. Todo esto lo hicieron
considerando como variables para el diseño, las condiciones de lluvia,
sol, humedad, brisa, luminosidad, relieve, etc., sin olvidar el respeto por
las vivencias diarias de este pueblo singular. La adaptación es tan evidente
y lógica que producen placer. Son arquitecturas
para sonreír.
Concluí que no había que encerrarse en
una época específica ni tampoco limitar el análisis a los
períodos históricos, primero porque no hay ninguna época
que pueda decirse que es más importante que las otras y segundo, porque
todas estas arquitecturas demuestran un similar esfuerzo por adaptarse. Es más
bien en las respuestas al ambiente donde se puede encontrar la veta inspiradora
y donde subyace la identidad de la arquitectura .
Comprendí que me
debía concentrar en descubrir las actitudes que provocaban las respuestas,
es decir contestar al porque de aquellas formas, en vez de copiarlas como modelos
enlatados, que sólo resultan ser un juego de imágenes falsas y
anacrónicas ya que esto es lo que significan las reproducciones de las
tipologías del ayer en el día de hoy.
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