Bruno Stagno   arquitecto

 

 
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Construyendo en el trópico tradición y vanguardia

EN ESE INSTANTE GIGANTESCO, HE VISTO MILLONES DE ACTOS DELEITBLES O ATROCES;
NINGUNO ME ASOMBRO COMO EL HECHO DE QUE TODOS OCUPARAN EL MISMO PUNTO,
SIN SUPERPOSICIÓN Y SIN TRANSPARENCIA. LO QUE VIERON MIS OJOS FUE SIMULTANEO.
Jorge Luis Borges, El Aleph

Tradición y vanguardia son aparentemente dos extremos en arquitectura. Se acostumbra a considerar la tradición como inmóvil y a la vanguardia como progreso . También se acostumbra a relacionar la arquitectura tradicional con un estilo y a la arquitectura de vanguardia con una tecnología nueva.
Así es como en la arquitectura contemporánea la tradición esta presente, con mas frecuencia como una consideración estética en la que destaca la aplicación de un estilo del pasado. En el otro extremo esta la arquitectura considerada de vanguardia, que mediante el uso de una tecnología reciente, busca una expresión novedosa.

AMBAS APRECIACIONES SON LIMITADAS PUES NO SOLO SE PRESENTAN COMO CONTRAPUESTAS, como dos extremos de un mismo tema, sino también como excluyentes. Una arquitectura que persigue un estilo no puede ser de vanguardia, pues reproduce canones de composición del pasado, con una actitud retro y recurriendo incluso, a falsificaciones constructivas para obtener una expresión que parezca del ayer. Esta tendencia se acentuó como una opción a partir de los anos 70 y se ha consolidado de manera universal con ejemplos que se caracterizan por la ingenuidad de la interpretación de la tradición. El resultado ha sido la proliferación de una arquitectura sin propuestas que además ha vaciado de contenido los valores culturales de la arquitectura tradicional.

Y en una apreciación meramente tecnológica y constructiva, es la expresión que produce la aplicación de nuevos materiales y técnicas de construcción, la que dicta el grado de vanguardia de la arquitectura resultante. La arquitectura tecnológica considerada de vanguardia en los anos 80 fue la denominada High-Tech y en los 90 fue aquella arquitectura de escaparate para exhibir los adelantos tecnológicos. En ambos casos, pero es mas evidente en los 90, el espacio arquitectónico dejo el lugar a la exhibición de letreros, monitores gigantes, imágenes estroboscópicas, materiales múltiples para acabados diversos, tubos de neón multicolores, etc., conviviendo con música, discursos, anuncios, voces y olores, todo sobrepuesto en un caos de sensaciones y de superficialidad. Si la arquitectura High-Tech fue una expresión de novedad constructiva, la de los 90 descarto la idea de espacio arquitectónico y lo reemplazo por un exhibicionismo tecnológico y mercantil .

Estos dos extremos producen un enorme desconcierto en la arquitectura contemporánea pues aparecen como dos varas para catalogarla y como los dos parámetros de las tendencias. La tendencia retro y la tecnológica. Los arquitectos que las practican se presentan como dos irreconciliables bandos que se disputan la primacía de la disciplina y el favor de las revistas, provocando un empobrecimiento de la critica arquitectónica.

Por un lado la visión retro busca vanagloriar la expresión de una arquitectura del pasado cargada de connotaciones subjetivas directas que pretenden evocar en el espectador un sentimiento de pertenencia estética. Con la repetición de motivos estilísticos como cornisas, torrecillas, sombreretes, hornacinas, alfeizares, descascaramientos y otros, los arquitectos que practican esta tendencia pretenden reproducir un pasado que como tal ya paso. Para ello recurren a falsedades constructivas que van desde la imitación de materiales del pasado ejecutados con los del presente, como por ejemplo el uso de vigas, cornisas, balaustradas, etc. en poliuretano para simular madera, concreto o piedra y ladrillo. En fin una arquitectura del simulacro .

Por otro lado, la arquitectura tecnológica se ha convertido en la expresión del uso de los materiales nuevos para lograr una coincidencia con una idea de progreso. Para estos arquitectos, subyace el deseo primordial de ser los portavoces de la novedad, de lo ultimo, de lo mas reciente, de ser los primeros en divulgarlo. Se obtiene con esta actitud una arquitectura de vanguardia tecnológica solo aplicable en los países que poseen la ultima tecnología y que tienen los recursos para costearla en sus edificios. Por ejemplo, no parece evidente usar en la gran mayoría de los países del planeta, vidrios en laminas de 3 x 8 metros con fijaciones de acero inoxidable de alta resistencia, o usar delgadas laminas de titanio como recubrimiento de fachadas, en virtud que esto esta fuera del alcance tecnológico y de las posibilidades razonables para la economía de aquellos países. En esta arquitectura subyace un deseo de expresar una capacidad constructiva y de organización que esta en condiciones de mostrar lo que se es capaz de hacer. Hay un deseo de sorprender y de producir admiración. Lo curioso es que estas arquitecturas dejan de sorprender al corto tiempo de haberse terminado, pues en realidad, todo objeto o producto de ultima generación deja de serlo prácticamente desde el momento en que se produce, pues es suplantado por otro de mejor rendimiento y mas reciente .

QUE ENORME PARADOJA EN LA QUE SE DEBATE NUESTRA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA, por un lado una arquitectura del simulacro que pretende revivir viejas glorias, y por otro una arquitectura que pretende instaurarse con hazañas tecnológicas. Parece que el presente se divorcia de sus antecedentes y de su futuro.

Estas consideraciones de vanguardia y tradición basadas en la pura expresión, son limitaciones conceptuales y maniqueas, que han producido un empobrecimiento en la arquitectura contemporánea.
Este empobrecimiento ha llevado a valorizar la arquitectura por su imagen estética, dejando de lado una genuina consideración por las vivencias tan notables de la vida contemporánea como son la necesidad de cobijo, la coherencia con un medio social y económico, ambiental y ecológico, y especialmente han olvidado que la arquitectura es una propuesta intelectual que se construye para permitir que la vida se viva con mas poesía. Cualquier interpretación maniquea acarrea inexorablemente una limitación y un empobrecimiento de la vida, del individuo y de la sociedad.

 

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