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| Construyendo en el trópico
tradición y vanguardia |
EN ESE INSTANTE GIGANTESCO,
HE VISTO MILLONES DE ACTOS DELEITBLES O ATROCES;
NINGUNO
ME ASOMBRO COMO EL HECHO DE QUE TODOS OCUPARAN EL MISMO PUNTO,
SIN SUPERPOSICIÓN Y SIN TRANSPARENCIA. LO QUE VIERON
MIS OJOS FUE SIMULTANEO.
Jorge Luis Borges, El Aleph
Tradición
y vanguardia son aparentemente
dos extremos en arquitectura. Se acostumbra a considerar
la tradición como inmóvil y a la vanguardia
como progreso . También se acostumbra a relacionar
la arquitectura tradicional con un estilo y a la arquitectura
de vanguardia con una tecnología nueva.
Así es
como en la arquitectura contemporánea la tradición
esta presente, con mas frecuencia como una consideración
estética en la que destaca la aplicación
de un estilo del pasado. En el otro extremo esta la arquitectura
considerada de vanguardia, que mediante el uso de una tecnología
reciente, busca una expresión novedosa.
AMBAS
APRECIACIONES SON LIMITADAS PUES NO SOLO SE PRESENTAN COMO
CONTRAPUESTAS,
como dos extremos de un mismo
tema, sino también como excluyentes.
Una arquitectura que persigue un estilo no puede ser de vanguardia, pues reproduce
canones de composición del pasado, con una actitud retro y recurriendo
incluso, a falsificaciones constructivas para obtener una expresión que
parezca del ayer. Esta tendencia se acentuó como una opción a
partir de los anos 70 y se ha consolidado de manera universal con ejemplos que
se caracterizan por la ingenuidad de la interpretación de la tradición.
El resultado ha sido la proliferación de una arquitectura
sin propuestas que además ha vaciado de contenido los valores culturales de la arquitectura
tradicional.
Y en una apreciación meramente tecnológica
y constructiva, es la expresión que produce la aplicación de nuevos
materiales y técnicas de construcción, la que dicta el grado de
vanguardia de la arquitectura resultante. La arquitectura tecnológica
considerada de vanguardia en los anos 80 fue la denominada High-Tech y en los
90 fue aquella arquitectura de escaparate para exhibir los adelantos tecnológicos.
En ambos casos, pero es mas evidente en los 90, el espacio arquitectónico
dejo el lugar a la exhibición de letreros, monitores gigantes, imágenes
estroboscópicas, materiales múltiples para acabados diversos,
tubos de neón multicolores, etc., conviviendo con música, discursos,
anuncios, voces y olores, todo sobrepuesto en un caos
de sensaciones y de superficialidad.
Si la arquitectura High-Tech fue una expresión de novedad constructiva,
la de los 90 descarto la idea de espacio arquitectónico y lo reemplazo
por un exhibicionismo tecnológico y mercantil .
Estos dos
extremos producen un enorme desconcierto en la arquitectura contemporánea pues
aparecen como dos varas para catalogarla y como los dos parámetros de
las tendencias. La tendencia retro y la tecnológica. Los arquitectos
que las practican se presentan como dos irreconciliables bandos que se disputan
la primacía de la disciplina y el favor de las revistas, provocando un
empobrecimiento de la critica arquitectónica.
Por un lado la
visión retro busca vanagloriar la expresión de una arquitectura
del pasado cargada de connotaciones subjetivas directas que pretenden evocar
en el espectador un sentimiento de pertenencia estética. Con la repetición
de motivos estilísticos como cornisas, torrecillas, sombreretes, hornacinas,
alfeizares, descascaramientos y otros, los arquitectos que practican esta tendencia
pretenden reproducir un pasado que como tal ya paso. Para ello recurren a falsedades
constructivas que van desde la imitación de materiales del pasado ejecutados
con los del presente, como por ejemplo el uso de vigas, cornisas, balaustradas,
etc. en poliuretano para simular madera, concreto o piedra y ladrillo. En fin
una arquitectura del simulacro .
Por otro lado, la arquitectura tecnológica se
ha convertido en la expresión del uso de los materiales
nuevos para lograr una coincidencia con una idea de progreso.
Para estos arquitectos, subyace el deseo primordial de ser
los portavoces de la novedad, de lo ultimo, de lo mas reciente,
de ser los primeros en divulgarlo. Se obtiene con esta actitud
una arquitectura de vanguardia tecnológica solo aplicable en
los países que poseen la ultima tecnología
y que tienen
los recursos para costearla
en sus edificios. Por ejemplo, no parece evidente usar en la gran mayoría
de los países del planeta, vidrios en laminas de 3 x 8 metros
con fijaciones de acero inoxidable de alta resistencia, o usar delgadas
laminas de titanio como recubrimiento de fachadas, en virtud que esto
esta fuera del alcance tecnológico
y de las posibilidades razonables para la economía de aquellos
países.
En esta arquitectura subyace un deseo de expresar una capacidad constructiva
y de organización que esta en condiciones de
mostrar lo que se es capaz de hacer. Hay un deseo de sorprender y de producir
admiración. Lo curioso es que estas arquitecturas dejan de sorprender
al corto tiempo de haberse terminado, pues en realidad, todo
objeto o producto
de ultima generación deja de serlo prácticamente desde el momento
en que se produce, pues es suplantado por otro de mejor rendimiento y mas
reciente .
QUE ENORME PARADOJA EN LA QUE SE DEBATE NUESTRA
ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA, por
un lado una arquitectura del simulacro que pretende revivir
viejas glorias, y por otro una arquitectura que pretende
instaurarse con hazañas tecnológicas. Parece
que el presente se divorcia de sus antecedentes y de su futuro.
Estas
consideraciones de vanguardia y tradición basadas en
la pura expresión, son limitaciones conceptuales y maniqueas,
que han producido un empobrecimiento en la arquitectura contemporánea.
Este
empobrecimiento ha llevado a valorizar la arquitectura por
su imagen estética, dejando de lado una genuina consideración
por las vivencias tan notables de la vida contemporánea
como son la necesidad de cobijo, la coherencia con un medio
social y económico, ambiental y ecológico, y
especialmente han olvidado que la arquitectura es una propuesta
intelectual que se construye para permitir que la vida se viva
con mas poesía. Cualquier interpretación maniquea
acarrea inexorablemente una limitación y un empobrecimiento
de la vida, del individuo y de la sociedad.
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