Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

El dilema del espejo o la ventana

 

Mirarse en el espejo fue el modo de desarrollo de la humanidad por milenios. Las respuestas a las iniciativas se encontraban mirando las imágenes reflejadas de la sociedad. Las sociedades se conformaron con respuestas que eran repetición de las acciones de sus antepasados. La tradición y la memoria envolvían la vida como una referencia única.

La incorporación de novedades se hacía pausadamente mediante la adquisición de nuevos conocimientos. Se puede decir que el desarrollo se nutría de lo que cada sociedad veía en su propio espejo.

 

Esto provoca un debilitamiento de las fronteras físicas, idiomáticas, de las creencias y de las costumbres que ha traído la incertidumbre como un nuevo relativismo en la vida. Las fronteras culturales y geográficas se han perforado y han dejado de ser líneas en los mapas. Estos bordes de una línea, se han convertido en anchos espacios en los que conviven ambos lados, creando nuevas realidades que no son ni una ni otra, sino diferentes a ambas.

Se intercambian costumbres, surgen idiomas inéditos y se "cruzan" las culturas creando nuevas identidades. La frontera entre México y los EEUU, las migraciones de africanos y asiáticos

hacia Europa y de centroamericanos en el istmo son algunos ejemplos.
Las reacciones a la pérdida de las certezas han sido múltiples; en lo político y religioso, el fundamentalismo en cualquier rincón del planeta,
pero con una visión común de intolerancia, y en lo cultural, el interculturalismo que promueve la comprensión y el respeto. De Borges, dice Sábato, "lo subyuga la hipótesis de que todos pueden tener razón o mejor todavía, que nadie verdaderamente la tiene".

La pérdida de las certezas ha dado paso a una ambigüedad en la que conviven múltiples situaciones y actitudes en un equilibrio otorgado por la tolerancia.

La escasez de tiempo para asimilar las influencias y la velocidad de su transmisión han aportado la simultaneidad. Ahora los conceptos de ambigüedad y simultaneidad envuelven nuestras vidas y gobiernan nuestras realidades.

Lo uno o lo otro, ha dado cabida a lo uno y lo otro en un mismo instante, es decir que estamos inmersos en realidades de inclusión más que de exclusión. Volviendo a la metáfora, estamos ahora frente a un espejo que es a la vez ventana, es decir un espejo que en el centro tiene una abertura para mirar. Esta imagen nos recrea la simultaneidad pues vemos en el mismo instante por el espejo y por la ventana, es decir que estamos en un mismo instante en dos lugares. Esta experiencia se da en un lugar ambiguo pues estamos en contacto con nuestro entorno, reflejado en el espejo, y con lo que vemos a través de la ventana. El dilema del espejo la ventana, se resuelve entonces mirando a la vez por el espejo y por la ventana.

 

18 de julio, 2003

En seguida, mirar más allá de los confines enriqueció esta mirada en el espejo y aportó una gran variedad de conocimientos. Algunas sociedades pasaron de emisoras a receptoras y según la prioridad que dieron a estas actitudes fue la profundidad y velocidad de su cambio.

El simulacro surgió como una práctica deleznable, pero también y afortunadamente la asimilación genuina de influencias fue el motor para un desarrollo apropiado basado en una evolución de la tradición. La fortaleza de las tradiciones se midió por su capacidad de adaptación a los cambios continuos. Mirar por la ventana se convirtió en un modo de desarrollo tan válido como el reflejarse en el espejo.

Las sociedades, desde siempre, han experimentado con el espejo y la ventana y según fue el balance, dominaron la imitación y el simulacro o la innovación creativa.

Desde hace poco, pero de forma creciente, la cantidad de información, la velocidad de su transporte y la amplitud de su destino han provocado un enorme trasiego de influencias que incita a los cambios. Sabemos que esta situación nueva para la humanidad, cuando no se transforma en conocimiento y se queda en mera información, debilita las referencias culturales, sociales y económicas.