|
Es interesante recorrer
los suburbios
de las ciudades
de la meseta y constatar que
la nueva
tendencia de urbanizar es un modelo amurallado,
con acceso
restringido y en cuyo precinto se construyen las casas. Este
modelo ha tenido tal aceptación que se aplica para
cualquier tamaño de lote y casa.
Al constatar
la extensión de la aplicación de este modelo,
uno no deja de pensar en los feudos amurallados de la Edad
Media,
en las ciudades yemenitas,
en las kasbas
marroquíes.
Así como todas estas ciudades
fueron plazas fuerte, cuya realidad fue consecuencia
del
sometimiento,
por el contrario, los burgos medievales
fueron
el resultado de la libertad
de los ciudadanos
frente
al poder dominante.
La creación de
San José lo fue de un deseo de independencia
de
la Vieja Metrópoli.
|
|
Si las causas pueden ser motivo
de sustanciosos
estudios
pluridisciplinarios, al menos
las consecuencias
son evidentes
en las vivencias cotidianas
que ya
se empiezan a percibir
en comportamientos que demuestran
poco
conocimiento de la cívica, una mala educación
en el uso de la ciudad
y de sus espacios públicos,
un creciente sentimiento de no pertenencia, una indiferencia
generalizada frente
a esta problemática, un individualismo
rampante y egoísta y en otras manifestaciones que
los sociólogos
ya habrán detectado. Todo
lo anterior erosiona la cultura
urbana que es una síntesis
de
las expresiones más reveladoras
de un pueblo
en su historia.
Así como hoy asistimos a la feudalización
de
los suburbios y sus consecuencias, lamentablemente este proceso
no
ha encontrado aun su contraparte,
pues los centros históricos
se vacían,
y como efecto social más evidente,
han
dejado de tener la función
de ser el espacio de
convivencia
de la nación. Con esta doble
experiencia, que carcome la cultura urbana
por la periferia
y desde el centro,
es fácil prever un debilitamiento
de
la identidad.
Hasta hace pocos años, afortunadamente
los centros todavía representaban
el espacio
público
comunitario.
Era allí donde se encontraban,
sin
distingo, todos los miembros
de la sociedad.
En las
calles, en los parques, en el comercio, en las instituciones
y
en las iglesias todos se veían
y se observaban
como seres
que compartían el presente y el futuro
de
una misma nación, pluralista, tolerante
y cosmopolita.
Este tipo de conocimiento
estrechaba los vínculos de la solidaridad.
Hoy, la ciudad y los ciudadanos
cambian
aceleradamente, influenciados
por múltiples factores, y ante
esto
es necesario aprender
a discernir para escoger los cambios
que refuerzan
la identidad
y que hacen prosperar la cultura
urbana y, a la vez, fomentar
la sabiduría para rechazar los que la empobrecen.
Cuando una
planificación urbana
descuida la solidaridad ciudadana
y el espacio
urbano pierde su fortaleza
como catalizador social y como representación
genuina de una cultura,
ella corre el riesgo de convertirse
en un poderoso
instrumento
que promueve la segregación social
y espacial,
y cuyas consecuencias
y resultados deplorables se incuban
en el tiempo
hasta que se manifiestan
con violencia.
septiembre
de 2001
|
|
La feudalización contemporánea
es el resultado de la inseguridad
que
lleva a la población a buscar refugio
y a pagar protección
de forma individual,
tal como sucedió con los señores feudales
que cobraban protección a sus vasallos
para defenderlos de los invasores.
Volviendo
a nuestros feudos amurallados,
su origen y su éxito comercial se
basan
en una supuesta seguridad,
que por lo demás debería
estar garantizada por el Estado, pero también en un evidente deseo de
aislamiento social. Aunque se sabe que la segregación social por la diferencia
de
ingresos es difícilmente evitable
en las sociedades de consumo, sus
efectos,
al menos, no deberían acentuarse
con la discriminación
espacial.
Esta situacion sin precedentes actúa
sobre
la paz y la solidaridad social
(dos pilares de la sociedad costarricense),
y
es por esta razón que es oportuno preguntarse cuales son las causas
y
las consecuencias de este giro.
|