Bruno Stagno   arquitecto

 

 

 

Feudalización de la Ciudad

 

Es interesante recorrer los suburbios de las ciudades de la meseta y constatar que la nueva tendencia de urbanizar es un modelo amurallado, con acceso restringido y en cuyo precinto se construyen las casas. Este modelo ha tenido tal aceptación que se aplica para cualquier tamaño de lote y casa. Al constatar la extensión de la aplicación de este modelo, uno no deja de pensar en los feudos amurallados de la Edad Media, en las ciudades yemenitas, en las kasbas marroquíes. Así como todas estas ciudades fueron plazas fuerte, cuya realidad fue consecuencia del sometimiento, por el contrario, los burgos medievales fueron el resultado de la libertad de los ciudadanos frente al poder dominante. La creación de San José lo fue de un deseo de independencia de la Vieja Metrópoli.

 

Si las causas pueden ser motivo de sustanciosos estudios pluridisciplinarios, al menos las consecuencias son evidentes en las vivencias cotidianas que ya se empiezan a percibir en comportamientos que demuestran poco conocimiento de la cívica, una mala educación en el uso de la ciudad y de sus espacios públicos, un creciente sentimiento de no pertenencia, una indiferencia generalizada frente a esta problemática, un individualismo rampante y egoísta y en otras manifestaciones que los sociólogos ya habrán detectado. Todo lo anterior erosiona la cultura urbana que es una síntesis de las expresiones más reveladoras de un pueblo en su historia.

Así como hoy asistimos a la feudalización de los suburbios y sus consecuencias, lamentablemente este proceso no ha encontrado aun su contraparte, pues los centros históricos se vacían, y como efecto social más evidente, han dejado de tener la función de ser el espacio de convivencia de la nación. Con esta doble experiencia, que carcome la cultura urbana por la periferia y desde el centro, es fácil prever un debilitamiento de la identidad.

Hasta hace pocos años, afortunadamente los centros todavía representaban el espacio público comunitario. Era allí donde se encontraban, sin distingo, todos los miembros de la sociedad.

En las calles, en los parques, en el comercio, en las instituciones y en las iglesias todos se veían y se observaban como seres que compartían el presente y el futuro de una misma nación, pluralista, tolerante y cosmopolita. Este tipo de conocimiento estrechaba los vínculos de la solidaridad. Hoy, la ciudad y los ciudadanos cambian aceleradamente, influenciados por múltiples factores, y ante esto es necesario aprender a discernir para escoger los cambios que refuerzan la identidad y que hacen prosperar la cultura urbana y, a la vez, fomentar la sabiduría para rechazar los que la empobrecen.

Cuando una planificación urbana descuida la solidaridad ciudadana y el espacio urbano pierde su fortaleza como catalizador social y como representación genuina de una cultura, ella corre el riesgo de convertirse en un poderoso instrumento que promueve la segregación social y espacial, y cuyas consecuencias y resultados deplorables se incuban en el tiempo hasta que se manifiestan con violencia. septiembre de 2001


La feudalización contemporánea es el resultado de la inseguridad que lleva a la población a buscar refugio y a pagar protección de forma individual, tal como sucedió con los señores feudales que cobraban protección a sus vasallos para defenderlos de los invasores.

Volviendo a nuestros feudos amurallados, su origen y su éxito comercial se basan en una supuesta seguridad, que por lo demás debería estar garantizada por el Estado, pero también en un evidente deseo de aislamiento social. Aunque se sabe que la segregación social por la diferencia de ingresos es difícilmente evitable en las sociedades de consumo, sus efectos, al menos, no deberían acentuarse con la discriminación espacial.

Esta situacion sin precedentes actúa sobre la paz y la solidaridad social (dos pilares de la sociedad costarricense), y es por esta razón que es oportuno preguntarse cuales son las causas y las consecuencias de este giro.