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| Tropicalidad |
"HE CONOCIDO LO QUE IGNORAN LOS GRIEGOS:
LA INCERTIDUMBRE"
JORGE LUIS BORGES
En 1973 llegué a vivir a
Costa Rica, un país
tropical con una fuerte preocupación por la conservación
y protección del medio ambiente. Había sido
formado como bachiller por los franceses y como arquitecto
en una escuela fuertemente influenciada por el Movimiento
Moderno, los CIAM, y especialmente por Le Corbusier. Mi participación,
en Francia, en uno de los proyectos de este, no sólo
fue la continuidad lógica de esa formación
sino una especie de culminación.
Esta migración al
trópico representó una inmersión
en un mundo nuevo que descubrí poco a poco y al que
me fui adaptando para comprenderlo. Yo pensaba y concluía
como el método cartesiano manda. Al poco tiempo y
en contacto con las experiencias cotidianas comencé a
dudar de la validez universal de este método y de
la exclusividad de su lógica racional. Empecé a
percatarme que había otros razonamientos que enriquecían
el pensamiento, y que la literatura regional había
reflexionado al respecto.
Había en esta manera
de pensar una explicación al comportamiento de la
gente y también un motivo personal para teorizar y
comprender la realidad tropical . Al menos pude concluir
rápidamente que una actitud que privilegia los valores
humanistas en las relaciones, predomina como sólida
argumentación en la toma de decisiones, derrotando
los argumentos de la razón. Una vida compartida entre la
razón y la relatividad , en la que ambas se disputan
la primacía, constituía un novedoso ambiente
intelectual en el que las verdades de la razón conviven
con los aciertos de la imaginación.
LA
SENSUALIDAD QUE LLEVA EL AIRE, CONTAMINA EL INTELECTO DEL
TRÓPICO E INFLUYE EN EL RAZONAMIENTO. El ambiente natural del trópico, ya de por si diferente al de
otras latitudes, fue territorio colonizado en el que hubo invasión cultural
con un resultado sorprendente, por cuanto la riqueza local cedió sólo
en parte al pensamiento invasor. En el trópico no se desarrolló preocupación
alguna por lo absoluto del ser, como lo ha dicho Edouard Glissant y lo reafirma
citando al escritor cubano Alejo Carpentier que se refiere a esta característica
de la tropicalidad: esto separa la tropicalidad de las culturas occidentales,
especialmente las que se derivan de la europea, en las que el absoluto es lo
más absoluto del ser y que el ser no puede ser sino se le concibe como
absoluto.
Por esta despreocupación por lo absoluto del ser,
las culturas tropicales han sido catalogadas como ingenuas
e incluso primitivas, sin embargo es mi convicción
que esto de la ingenuidad o inocencia es sólo un rasgo
aparente de la tropicalidad en una comparación con
los pensamientos más metropolizados. Esos pensamientos
más racionales y sistémicos y centrados en
la reflexión sobre lo absoluto del ser, tienden a
idealizar, y son en esencia abstractos, y por eso con dificultad
entienden esta tropicalidad rica en relaciones y de múltiples
subjetividades. En ella el hombre se sumerge en una tormenta
de sensaciones dispares que lo envuelve en permanencia, provocando
un estado emocional en que la sensualidad es vital. Este
estado se caracteriza por un optimismo regenerativo que a
lo sumo produce angustia, en contraste con el pesimismo y
la depresión metafísica, más propios
de una filosofía cuyo tema central de reflexión
es la esencia del ser.
Es por esto que, para comprender
la tropicalidad, es más coherente pensar, como dijo
E. Glissant, en una poética de las relaciones
más que en una poética del ser . Esto
nos permite sentenciar que, en el trópico, el hombre
es en cuanto está , más que en cuanto piensa,
contradiciendo, o al menos cuestionando, aquello del "pienso
luego existo", más propio de un compromiso con lo
absoluto del ser. Esta cualidad se presenta como una de las
características más definitivas de la tropicalidad,
pues define la vida en su relación con el medio. Salman
Rushdie, el escritor indio comenta a propósito de
uno sus personajes en "Los hijos de la medianoche" que había
perdido la tropicalidad: "había sucumbido a la abstracción,
había abrazado la causa de la verdad y puesto en fuga
las ilusiones".
Un convencimiento que privilegia
el predominio unilateral de una única lógica
de la razón, se impuso en los círculos originadores
del pensamiento moderno a partir de la Ilustración.
Este método se convirtió en la manera universal
más reconocida de pensar, aunque René Descartes advirtiera acerca de las limitaciones del mismo al decir
que, bueno es saber algo sobre las costumbres de diversos
pueblos, para juzgar más acertadamente de las nuestras
y no pensar que todo lo que es contrario a nuestras formas
sea ridículo o irrazonable, como suelen hacer los
que no han visto nada .
La Ilustración se
caracterizó ante todo por su confianza en el poder
de la razón, como método de pensamiento y en
la posibilidad de reorganizar a fondo la sociedad a base
de principios racionales . Es cierto y conocido que filósofos
europeos, a partir del siglo XVII, buscaron una
interpretación
racional completa de la realidad tratando de reducirla a
una idealización más susceptible de ser intervenida
racionalmente. El método cartesiano erigido como modelo
universal, a pesar de su autor como vimos, es un buen ejemplo
de esta actitud.
Esta situación descartó otro
tipo de pensamiento que es más subjetivo que objetivo
y que ha sido menospreciado o al menos considerado como primitivo
o más específicamente ingenuo, y por esto fue
descalificado como modo de pensar. También descalificada
su "metodología" de reflexión, y por supuesto
sus resultados no fueron considerados como conclusiones inteligentes
por aquellos acostumbrados a "pensar Ilustradamente".
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